23 de agosto de 2010

El sueño de José

Jose nos cuenta su sueño sobre Lorena (cristina)
Lorena tbm quiere dedicarle algo "wajajajajjajajajajajajajajajajajajj" y ahi sige riendose xDD y k te quiere mucho! k nunca cambies y ....un barco pirata? xDDDDDDD
Historia del sueño del sábado noche:
Cristina y yo –sepan ustedes que me llamo José- estábamos caminando por La Laguna, al pasar por la pequeña plaza que se encuentra al final de la calle Barcelona, frente al Nazaret, muy cerca de la Milagrosa, nos encontramos con una antigua compañera de mi clase. Personalmente, yo ya no la tenía en gran estima, por lo que intenté hacerme el loco para no saludarla; sin embargo, como es natural, ella nos vio y nos paró.
-Cristina, disimula, disimula y mira para adelante como si no pasara nada.
-¿Eing?¿Qué dices, muchacho?
-¡Qué sí! Que creo que esa chica que está cruzando la calle es una de mi clase.
-¿Y que pasa?
-Que no quiero verla, ni mucho menos hablar con ella. ¡Disimula! ¡Y no la mires tan directamente que se va a dar cuenta! Creo que no nos ha visto,… Mierda, sí. Nos está mirando ¡Ay! ¡Que se está acercando! Y…. ¡Holaaaa! ¿Cómo estás muchacha? ¡Cuánto tiempo! –Nos había interceptado en nuestra huída, la muy…
Empezó a acribillarnos a preguntas a las que yo no quería responder, y para empeorar la situación, más colegas de mi antiguo colegio empezaron a aparecer, se cogieron mucha confianza con Cristina y eso no me estaba agradando, pues no me hubiese gustado que mi gran amiga cogiera malos recortes de aquellos excompañeros de los que me congratulo de no deberles nada.
Por ello, y muy disimuladamente le hice señas a Cristina para que nos fuéramos. Y aunque necesite varios intentos para que me viera al final opté por cogerla de la mano mientras ella, intuyendo que debíamos marchando, se despidió argumentando que teníamos prisa.
Nada más librarnos de aquellos pesados echamos a correr a toda pastilla, a tal velocidad que como sueño que es, la avenida Calvo Sotelo se transformó en un barco, ¡en el mismísimo ferry de La Gomera!
Empezamos a caminar por aquella nave en busca de un buen lugar donde sentarse, y nuestros pasos nos condujeron a las butacas de la proa, donde unos jóvenes un tanto mayores que nosotros se empezaron a meter con Cristina, diciéndole cosas muy feas y atreviéndose a tocarla.
En ese momento, yo me sentía impotente por no poder defenderla pero es que estaba lo suficientemente intimidado como para no decir nada. Mientras tanto, el rostro de Cristina estaba rojo por la vergüenza y los nervios que estaba pasando. Llegó el punto en que recobré el valor para llamarle la atención a aquellos energúmenos.
-Maldita la hora- pensé. Los muchachos dejaron de lado las provocaciones verbales y actuaron. Sobre mí, saltaron tres y empezaron a arrearme una contundente somanta de palos. Dolió…Dolió mucho. Durante la paliza que me estaban propinando los gamberros Cristina estaba muda, paralizada hasta el momento en que el escenario sufrió otra transformación. Ahora nos encontrábamos en un galeón pirata y todo se recreaba en el ambiente de un navío del siglo XVIII.
Aquel cambio en el escenario no significó en absoluto que la situación mejorase –y si no que se lo digan a mi costillar roto-. Sin embargo, puedo asegurar que la peor parte no me la llevé yo.
Cuando ya mis adversarios me estaban propinando los últimos leñazos empezaron con Cristina. A ella no le dieron otra brutal paliza,… Se la llevaron a un cuartito de la cubierta entre todos y allí, allí,…se la beneficiaron –ustedes me entienden, no hace falta ser más explícito, a fin de cuentas sois inteligentes-.
Yo, por mi parte, intenté seguir a aquel grupo para reclamar por el respeto hacia ella, pero los golpes que me dieron me recordaron que con esa gente era preferible no hablar.
Así que me limité a seguirles en silencio y arrastrándome del dolor por la cubierta, pero unos dos piratas se dieron cuenta de mi trayectoria y me frenaron, me cogieron entre varios y me encerraron en un sucio zulo que no debería medir mas de dos metros cuadrados; sin embargo, fui capaz de ver donde tenían recluida a Cristina.
El dolor y el cansancio habían resultado una mezcla agotadora, y antes de que pudiese esperar a pensar en la forma de huir, me quedé totalmente dormido, comatoso diría yo.
Cuando desperté, muy bruscamente, aun me dolía el cuerpo, pero sabía que la prioridad era huir de aquel sitio con Cristina, busqué la puerta en la oscuridad, palpando las paredes hasta encontrar el manillar, para fortuna mía aquellos panolis se olvidaron de cerrar con llave: estaban demasiado entretenidos dando cuenta de lo que hacían con mi amiga.
Salí a la cubierta, estaba totalmente desierta, ni rastro de la manada de piratas,… Me dirigí al cuarto donde vi que metieron a Cristina. La puerta estaba entreabierta, me adentré, era una habitación más amplia pero que sólo tenía una cama como único mueble, allí encontré a mi amiga, casi inconsciente, tumbada en aquel catre. Me acerqué a ella e hice el ademán de cogerla en brazos mientras la tranquilizaba. Cuando oyó mi voz creo que sonrió muy débilmente.
Con ella en brazos, prorrumpí otra vez en la cubierta y ante la certidumbre de que estaba empezando a anochecer quise asomarme para ver el horizonte con su atardecer rojizo.
Mientras lo hacía, me di cuenta de que una lancha motora –se da a entender que volvimos a nuestro siglo actual- surcaba el mar hacía nosotros: estábamos salvados, venía ayuda. En esos momentos, Cristina empezó a recobrar el conocimiento y yo la felicitaba por haber sido tan valiente porque hemos sobrevivido: nos recordarán como héroes, sí pequeña, como héroes.
Para mi amiga Lorena, por ser tan buena persona y por su heroica gesta hacia las pretensiones de Bob Esponja, dichoso Bob Esponja,…

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